Sin embargo, las cosas no resultan según lo previsto. Una y otra vez (y hasta en ocho ocasiones) los miembros de las fuerzas especiales no logran partir la vasija de barro. Un soldado especialmente motivado incluso intenta partirla a pedazos con un golpe de revés. A pesar de tanto esfuerzo, el jarrón permanece intacto.
"Derrotados" los comandos, la ceremonia concluye abruptamente y la cámara muestra a los superiores con gesto de clara decepción.
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