sábado, 24 de diciembre de 2016

Yunes en los retrasos del aeropuerto

Federico Arreola

@FedericoArreola

Día de locos en el aeropuerto capitalino. La neblina impidió las operaciones durante buena parte de la mañana de este viernes 23 de diciembre. Qué retraso sufrí. Iba a llegar a Monterrey a las diez de la mañana y aterricé cerca de las dos de la tarde. Había miles de personas en mi situación. Todas, por supuesto, con prisa para llegar a sus destinos: algunas para cumplir compromisos de trabajo, otras para empezar sus vacaciones, la mayoría para ir a pasar con sus familias las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Desde hace años critico en mis columnas a los políticos que usan el avión privado para cualquier cosa y, al mismo tiempo, elogio a los que veo sufriendo como cualquier pasajero de clase media los problemas típicos de los aeropuertos.

Siempre he pensado que Andrés Manuel López Obrador es más popular que todos los políticos mexicanos porque jamás ha recurrido a las vuelos privados. Y estoy seguro de que la privilegiada posición de José Narro Robles en las encuestas se debe a lo mismo.

El problema de que los políticos viajen en aeronaves particulares no solo tiene que ver con el gasto elevadísimo que ello representa, sino también –y sobre todo– con el hecho de que se trata de algo que les hace perder el piso, sentirse superiores y merecedores de todo, lo que termina por corromperlos.

Pienso que Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz que hoy se sabe cometió los más terribles actos de corrupción, cayó en tantos excesos en gran medida porque jamás viajó en las aerolíneas comerciales mientras estuvo en el poder.

Nunca he tenido una buena opinión del sucesor de Duarte, el panista Miguel Ángel Yunes, y seguramente lo que voy a contar no la cambiará en lo esencial. Pero estoy obligado a decir que esta mañana, en el caos de retrasos del aeropuerto de la Ciudad de México, uno de los miles de pasajeros que no tenía la menor idea de a qué hora iba a salir su vuelo era el gobernador Yunes.

La gente, desesperada por el cierre de la rebasada terminal aérea, encontró en Yunes un motivo para pensar que algo está cambiando en México. Vi a familias que lo felicitaban, lo saludaban y se tomaban fotografías con él. Después de que un hombre y sus hijos pequeños lo hicieron, escuché al padre decir a los niños: “Ojalá todos los políticos fueran austeros como Yunes”.

Supongo que Yunes no pudo llegar a cumplir con compromisos de gobierno. Ni hablar, ojalá eso no sea una motivación para que él, en el futuro, recurra a los aviones privados. La pérdida de eficiencia por el retraso es poca cosa comparada con la ganancia de hacer lo correcto.

Las personas que puedan pagar aviones privados, que lo hagan y lo disfruten. Las que no, que vuelen en Aeroméxico, Interjet, Volaris, etcétera. Es claro que el gobierno de Veracruz, hundido en una espantosa crisis financiera, no puede pagar vuelos especiales.

Ignoro a qué hora salió Yunes a Veracruz. Tal vez no pudo hacerlo, ya que en las emergencias climáticas las aerolíneas cancelan vuelos. Lo que sea, él ganó más de lo que perdió esta mañana de grandes problemas en el aeropuerto capitalino. Los otros gobernadores tendrán que aprender a viajar como la gente de clase media y no como potentados que se pagan sus lujos con dinero público.

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